El primer día les quitaron las llaves sus vehículos privados, coches y motos, con los que habitualmente se desplazaban por la capital. Debían intentar sobrevivir un mes exclusivamente utilizando medios de transporte sostenibles. Con mayor o menor padecimiento, los cuatro madrileños que aceptaron el reto —Juanjo, Laura, Alberto y Lidia— superaron la prueba. Pero, ¿y seis meses después de aquella aventura? ¿Siguen sin coger el coche?

El lema del reto que impulsó la Asociación de Ciencias Ambientales, en coordinación con la Fundación Biodiversidad, a estos cuatro madrileños era 'DesAUTOxícate'. Lo plantearon, convencidos de que "si una persona es capaz de cubrir sus necesidades de movilidad durante un mes con sistemas alternativos al coche privado, lo podrá conseguir de forma indefinida", defendía en junio pasado el encargado del proyecto, José Luis López.

La organización le devolvió a Juanjo Navarro las llaves de su moto, de su coche y de su autocaravana tras el éxito de la prueba del mes. El joven cuenta que se presentó voluntario "porque me gusta moverme en bici, siempre tenía la idea rondándome la cabeza de usarla para ir al trabajo, pero no me decidía". Vecino de Arganzuela, trabaja en el municipio de Alcobendas, a 30 kilómetros de distancia, y un viernes cualquiera tardaba en coche, en el viaje de regreso a casa, más de una hora y cuarenta minutos por los embotellamientos.

Transporte público y bicicleta

"Quería hacer algo más provechoso con mi tiempo", resume Juanjo, que aprendió en el mes que duró el reto todas la rutas para llegar a su trabajo usando transporte público y bicicleta. Además, recibió cursos de movilidad y fue informado de la reducción de su huella ecológica. "En las ciudades todos pensamos que somos víctimas de la contaminación y de los embotellamientos, pero lo que ocurre es que somos piezas del sistema", dice convencido.

Al principio, eso sí, le resultó bastante complicado vivir si coche, y sobre todo sin moto. "El transporte público y la bici no son los mejores amigos. Y aunque suene bucólico lo de ir en bici, cogerla en invierno a las ocho de la mañana en medio del tráfico es una experiencia muy bonita, pero para valientes", confirma. Sin embargo, él sigue usándola para la inmensa mayoría de sus desplazamientos. "Es que llego más fresco al trabajo, tanto que no necesito ni café". Ahora alterna la bici con el cercanías, y aunque la gente con la que se cruza cada vez es más sensible, "te facilita el paso y te presta hueco", todavía los hay sin conciencia. "En el tren hay reservados para las bicis que las personas usan como asientos. Pero les tienes que recordar que es un beneficio para todos. Que sería para mí más cómodo usar el coche, pero necesito de su sensibilidad y colaboración".

En estos seis meses, Juanjo ha adelgazado seis kilos y ha ahorrado unos 200 euros al mes en gasolina. "Es lo único que ve la gente. Primero en mi entorno me decían que vaya esfuerzo más tonto hacía, pero sí se fijan ahora en el peso y en el ahorro económico". Su ejemplo ha cundido en la empresa para la que trabaja y la compañía ha instalado un aparcabicis con vigilancia en el que ya son ocho o nueve trabajadores los que estacionan a diario.

Laura Rubio fue otra de las cuatro participantes en 'DesAUTOxícate'. Lo suyo con el coche era verdadera adicción. Estaba acostumbrada a cogerlo para absolutamente todo. Fue su entorno social el que finalmente la motivó a apuntarse al reto sin coche, ante su insistencia en que no sería capaz, que nunca lo conseguiría. "La primera semana lo pasé muy mal. Es verdad que llegaba tarde a todos lados, fueron unos días caóticos. Me confundía de autobuses...", cuenta. Pero un día sintió el clic. Fue cuando descubrió que podía ir caminando al trabajo, que tardaba lo mismo que desplazándose en transporte público: 31 minutos. "Antes me parecía que Guzmán el Bueno estaba lejísimos  de Tetuán, pero ahora ya me parece una distancia muy normal". Y desde entonces el coche apenas sale del parking.

Uso masivo del vehículo privado

"Descubrí que no analizamos bien el tiempo cuando utilizamos nuestro vehículo privado. Piensas, lo cojo y tardo cinco minutos y ya está. Pero  eso es así desde que saco el coche del aparcamiento y paso por primera vez por la puerta del sitio al que voy. Pero hay que aparcar. Y en eso perdía mucho tiempo", describe. Del reto, Laura se queda con las aplicaciones para móviles que le permitieron conocer en profundidad los horarios e itinerarios de todos los transportes públicos de la ciudad. Ya no sale de casa sin consultarlas y dice que le ahorra muchos tiempos muertos de espera. También sacó de provecho el arrojo suficiente como para atreverse con la bici en algunos desplazamientos: "como cuando salgo por la noche y quiero volver a casa pronto".

José Luis López, coordinador del proyecto, revela que los retados respondían a un patrón de "uso masivo del coche, pero con motivación para cambiar", algo que consideraron esencial. "Laura, por ejemplo, quería comprobar si ella sería capaz de vivir sin coche, Lidia quería dar ejemplo a sus hijos, Alberto había vivido en Holanda y le parecía que en Madrid había que apostar por el transporte sostenible y Juanjo quería usar más la bici, pero no creía que fuera posible trabajando tan lejos de su casa".

López tilda el reto de "un éxito total". La asociación que lo organizó acaban de hacer un seguimiento a todos los participantes y han constatado cómo los cuatro han reducido en torno a un 85-90% el uso del vehículo privado. "Además han generado sentido de la responsabilidad y han comprendido que es posible moverse por Madrid de manera sostenible y cubrir adecuadamente sus necesidades". Visiblemente satisfecho, López resalta que todos los participantes "pasaron a ver la ciudad, y a sentirla, como no lo hacían cuando iban siempre en coche".